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A cat in the rain — A.

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A cat in the rain — A.

Mensaje por O. Lubba Tushkanova el Miér Sep 02, 2015 1:32 am

A CAT IN THE RAIN


Dormía con la mitad de la cara hundida en la almohada. Una almohada que no era la suya, o que simplemente no era ni siquiera una almohada, porque de haberlo sido, esta hubiese terminado en el suelo a mitad de la noche, con lo culo inquieto que era Lubba aún dormida. Incluso parecía que no se había movido ni un ápice, pues sentía en su espalda la sábana aún tendida. El cobertor, enredado en sus piernas, era el único indicio de que había efectivamente, dormido en esa cama, pero más que prestarle atención a pequeños detalles, ella simplemente se quejó por la molestia de un brazo debajo de su cabeza. Así que no es mi almohada después de todo. En ese momento estaba tan atontada, que se preguntaba si se había equivocado de cama y se había colado en la de Iris. Inclusive con tantas pastillas para dormir, drogas o alcohol, ella seguía teniendo pesadillas; independientemente de si las recordaba o no. Siempre despertaba exhausta, agotada, como si dormir fuese más una pérdida de energía que un acto para recuperarla.

El calor era sofocante, en especial cuando otro cuerpo del que no estaba costumbraba intentaba asfixiarla. El contacto humano fue el primer indicio de que algo estaba mal. La ucraniana se movió con las nacientes fuerzas y trató de liberarse del abrazo que la rodeaba. — ¿I-Isis? — Balbuceó, con la visión nublada. Sentía la boca pastosa y su voz había sonado tan ronca y baja que a penas se había oído. No fue hasta que se movió más, que, sintió el dolor de cabeza instalándose como si estuviera una construcción dentro de su cráneo. Bum, Bum. La habitación estaba oscura pese a que la luz intentaba colarse entre los orificios de una de las cortinas. Pero había algo diferente... El techo no tenía el verde vómito de la habitación de Iris. Tampoco tenían las paredes el tapizado azul desgastado ni la coquetera antigua. Vagos retazos de la noche anterior comenzaban a golpearle mientras se revolcaba en su almohada, hundiendo su cara profundo, con los ojos cerrados, sintiendo un escalofrío en su piel expuesta. Después de todo, el conjunto de encaje negro no era precisamente algo que le quitase el frío.

Estoy... en ropa interior.

Jadeó, reacia a abrir los ojos, asustada de lo que vería a su lado, pese a que pudo sentirlo en cada gramo de su ser. Un hombre. A su lado estaba un hombre. Sus pieles se rozaban y ella abrió los ojos enfrentándose a la imagen de un saco de carne con testosterona durmiente. Lubba gritó y se levantó, tropezando con ¿zapatos?. Trastabilló, enredándose y cayendo sobre su trasero, horrorizada. Todo el pasado parecía golpearle en la cara, sin piedad y el miedo la poseyó por breves -breves- segundos antes de espabilarse. Ella había decidido dejar de ser cobarde, había decidido tomar su vida como ella quisiera, no podía dejarse quebrar y ahora ella tenía que hacerse valer. No podía darse el lujo de volver a ser la muñeca sexual de nadie, ya no sería ella a la que golpearan mientras suplicaba días de descanso. Ya no sería ella la que debía humillarse para complacer a un hombre ― Hijo de puta ― Su voz sonó entre dientes, casi un gruñido de un animal rabioso, indignado, dolorido, casi asesino.


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Última edición por O. Lubba Tushkanova el Jue Sep 03, 2015 11:43 pm, editado 1 vez
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Re: A cat in the rain — A.

Mensaje por Ayrton Schmidt el Miér Sep 02, 2015 3:41 am

A cat in the rain
Aquella noche estaba completamente agotado: Había sido otra de esas interminables jornadas de trabajo que parecía que nunca iban a quedar lo suficientemente perfectas como para contentar al director de fotografía. Además, ese mismo día había tenido que dejar su coche en el taller, de modo que el modelo debía usar el metro para moverse por la ciudad. Ayrton camina desde la estación de Green Park hasta la avenida principal donde se encuentra su apartamento, aunque antes de llegar al edificio se topa con un cuerpo tendido en el suelo prácticamente hecho un ovillo. El modelo se acuclilla rápidamente junto a lo que parece ser una muchacha y no puede evitar fruncir los labios ante su condición, pues no le queda muy lejana. Ha visto tantas veces este tipo de situaciones en el mundo que ha elegido vivir que apenas se sorprende—. Oye, eh... — le agarra la cara con delicadeza, tratando de comprobar si ella era capaz de enfocar su mirada, pero la muchacha no parecía más que un cuerpo completamente inerte. Lo único que le aseguraba que ella seguía con vida era el aliento ténue y cálido que salía por su boca, y la manera en que ella temblaba.— Oye, oye, no me jodas. Espabila — a pesar de la insistencia de Ayrton, ella no parece dispuesta a colaborar en recobrar su reducida consciencia. El modelo comienza a rebuscar en la mochila que lleva, su móvil—. Llamaré a una ambulancia. Joder, en serio vas a hacerme llevarte hasta el puto hospital — murmura entre dientes con frustración. No parece que la noche vaya a resultar tal como él había esperado: Sólo quería llegar a casa para poderse meter en la cama y dormir hasta el día siguiente. Cuando logra dar con el teléfono enfoca con la luz que refleja la pantalla a la muchacha, sólo para descubrir cómo ella niega ligeramente con la cabeza y susurra un contínuo "No, por favor." Ayrton resopla, pero de algún modo la insistencia de ella lo hacen dudar. La mira una vez más: Está sudada, sucia, deshecha, completamente rota. El modelo incluso diría que en algún momento ha debido vomitarse encima. Ayrton se lleva las manos a la cabeza con desesperanza, mesándose los cabellos en el proceso. Hace frío. Aunque el invierno ni siquiera había llegado por completo, las bajas temperaturas ya mordían la piel. Sabe que no podía dejarla allí a la intemperie, además, su casa quedaba apenas un cruce más abajo. Resopla una vez más y finalmente la carga en brazos. 


~

Una vez dentro del duplex acomoda a la morena como buenamente puede en una esquina del amplio sofá  del salón. Sabe sobradamente que es un completo gilipollas por hacer lo que está haciendo: Meter a una desconocida aparentemente inconsciente en casa. Es cierto que tampoco sería la primera desconocida que pisaba su apartamento, aunque desde luego que las condiciones siempre habían sido mucho más placenteras. Sí, dejaría que durmiera en su cama, pero no vistiendo esa ropa terriblemente asquerosa. Ayrton se encarga de quitarle las prendas que lleva encima y meter estas en una bolsa de plástico. De vez en cuando ella parece balbucear algo, aunque por descontado nada entendible. Lentamente Ayrton vuelve a cargarla entre sus brazos para subir directamente hasta el dormitorio en la segunda planta, y finalmente consigue recostarla contra el cabecero de la cama. Es de sobra sabido que ante una intoxicación —con un poco de suerte únicamente etílica— lo mejor que puedes hacer es dejar que el tiempo pase. Ayrton tiene intención de esperar despierto hasta que fuera ella quien despertara y poder darle una explicación antes de que su mente pudiera maquinar cualquier situación repulsiva. Además, tampoco quiere amanecer con un cadaver en su cama, así que aunque la postura no es la más cómoda, para evitar que se ahogara en caso de que ella vomitara de nuevo, se tumba a su lado para que parte del cuerpo de la muchacha repose sobre uno de sus costados. Sin embargo, y a pesar de los intentos, no pasa mucho tiempo hasta que el sueño lo vence.

~



Ayrton se despierta de golpe, ligeramente sobresaltado, debido al aullido de la muchacha. Se incorpora rápidamente apoyando ambos codos sobre el colchón sólo para llegar a observar cómo ella trastabilla con lo que quiera que hubiera desperdigado por el suelo. Seguramente sus zapatillas, pues a excepción de estas, el modelo conserva toda la ropa que llevaba anoche. Le sorprende que toda la mierda que ella debía cargar en el cuerpo hace apenas unas horas le hayan dejado si quiera levantarse de la cama. El modelo intercambia una mirada con ella y sale rápidamente de entre las sábanas, aunque decide tomar una distancia de seguridad cuando ella se muestra como un perro rabioso a punto de atacarle—. No es lo que piensas. Joder, nunca sería tan hijo de puta — rueda los ojos, ya que era precisamente esta situación la que quería evitarse. La observa de nuevo, semidesnuda, y en cierto punto no puede más que comprender su reacción—. Tu ropa está en la planta de abajo... Aunque no creo que quieras volver a ponértelo. Puedes coger lo que necesites — señala con un gesto de barbilla el armario bajo, frente a la cama, donde guardaba ropa cómoda para hacer deporte, pijamas, y las camisetas que usaba cuando estaba en casa.

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Re: A cat in the rain — A.

Mensaje por O. Lubba Tushkanova el Jue Sep 03, 2015 1:19 am

A CAT IN THE RAIN

No recuerda nada, por supuesto. Pero está segura que bebió hasta la saciedad. Son pocos los fragmentos que logra pescar de la noche anterior. Lo último que podía ver con claridad entre sus recuerdos de sobriedad es haber estado envuelta en una pelea. Normalmente, Lubba era alguien invisible, alguien que hacía todo por pasar desapercibida. Hasta que se metía unos porros y algo de alcohol, entonces ella era otra historia. Era un basilisco listo para destrozar a quien tocase sus botones. Y como siempre, nunca faltaban esos momentos en que ella terminaba arañando a cualquier capullo que quisiera tocarla. No toleraba el contacto humano y si bien era cierto, solía disimularlo bien, hasta que perdía su vena controladora y dejaba que toda la ira reprimida aflorase. Habían sido varios - muchos - vasos de tequila, mezclas de whisky y cuatro cervezas; eso y los dos porros que se había calado antes de ir al bar, suficientes para dejarla en el peor de los estados. No es como si recordara la escena de ella vomitando sus intestinos, o de ella sollozando en un callejón oscuro, pidiendo ayuda a un padre que nunca, jamás vendría a por ella. Su momento "glorioso" de debilidad que siempre asomaba afortunadamente en balbuceos de un idioma que pocos conocían. Aún así, con los nervios azotando su cuerpo, las punzadas de dolor por la resaca y los posibles golpes de la riña, ella estaba lista para defenderse en caso de que el gigante despierto intentase atacarla.

No pierdas la calma, Lubba, el dolor es mental, has recibido peores golpizas que esta, este dolor no es nada comparado con los cinco años que has vivido. Se daba ánimos mentalmente, obligándose a no caer por el borde del miedo. Suficiente mierda había vivido como para seguir siendo la chica sumisa que hicieron de ella. Sí, la rompieron hasta el no retorno, pero eso no quería decir que ella dejaría de luchar. Aún si no tenía claro el propósito. La ucraniana disminuyó su respiración irregular y la hizo más lenta, como si su rostro reflejando la ira y el miedo poco a poco fuera escondiéndose tras un rostro inexpresivo y frío. Lo escucha detenidamente, pescando sus ademanes, porque si algo había aprendido, era que la voz y el lenguaje corporal reflejaban la honestidad y la verdadera naturaleza del ser humano. Así que la morena lo miró, con los párpados caídos y el deseo de quitarle la sábana y taparse el cuerpo con esta. ¿Había visto las cicatrices de sus manos? No, tampoco debió haber visto las pequeñas marcas en su espalda... si la hubiera tocado, las hubiera visto, porque no se notan a menos que pases la mano cuidadosamente por la piel. Sintió el alivio instalándose poco a poco, y eso solo consiguió que fuera más consiente del agudo dolor en su cabeza y en su cuerpo. ― No eres tan hijo de puta. ¿Entonces eres un no tan buen samaritano? ― Preguntó con notorio sarcasmo, poniéndose de pie, tambaleando y abrazando su cuerpo, sin quitar la mirada del gigante. No confiaba en nadie y mucho menos en una amabilidad fingida, por más sincera que pareciera. La vida le había enseñado que nadie hace algo gratis, todo tiene un precio. ― ¿Cuánto me costará la ayuda que en ningún momento pedí?  ― Pudo escucharse el siseo en su voz, aunque la verdad es que estaba más cerca de ser plana. No es que Lubba fuera ingrata, sólo no podían esperar que ella muestre algo que nunca había recibido. Amabilidad.


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Re: A cat in the rain — A.

Mensaje por Ayrton Schmidt el Jue Sep 03, 2015 2:04 am

A cat in the rain
Ayrton realmente quiere no arrepentirse de haberla traído a casa, pero lo cierto es que ella no se lo pone demasiado fácil. Aunque tal cómo esperaba, la muchacha termina por no abalanzarse contra él. Sus gestos sólo la hacen ver como ese animal salvaje y furioso que te enfrenta con el pelaje erizado, pero al que el verdadero pavor realmente lo invade por dentro—. Qué va, si estoy pensando en montar una ONG. Desagradecidos sin fronteras — la mira con un gesto serio, con una mirada con la que casi parece reprocharle aquel comportamiento tan huraño, pero por supuesto ella no ha visto lo mismo que vio él anoche cuando la encontró desplomada en el suelo. Decide dejar la mordacidad de lado, y volver a intentarlo por la vía afable—. Te puedo asegurar que anoche te hubiera gustado ser capaz de pedir ayuda, aunque dudo que hubieras sabido contestar siquiera cómo te llamabas... — lo cierto es que no se siente especialmente cómodo reprochándole  y juzgando ese tipo de actitud cuando ni siquiera conoce a la muchacha, aunque su mundo le haga estar especialmente familiarizado con este tipo de circunstancias. Aunque eso ella no tenía por qué saberlo; de hecho, ni siquiera perece reconocer al modelo. 


Ayrton suspira, cansado. La aflicción le puede cuando comprueba cómo ella trata de cubrirse a sí misma con los brazos. No sabe si es debido al frío del incipiente invierno, por pudor o cómo un forma a la desesperada de sentirse segura, de modo que decide acercarse él mismo hasta el pequeño mueble, rodeando cuidadosamente los bordes de la cama para no acercarse a ella más de lo necesario—. No voy a hacerte nada — avisa alzando levemente los brazos por encima de su cabeza. Ayrton rebusca en uno de los cajones hasta hacerse con una sudadera gris y un pantalón corto de deporte. Le tiende desde la posición donde se encuentra ambas prendas con una mano. Probablemente le quedarían grandes, en especial los pantalones, pero si no se abrigaba acabaría por coger una neumonía. El modelo niega ligeramente con la cabeza, mirándola incrédulo.- ¿Qué? No quiero nada. Cualquier persona normal que te hubiera encontrado ayer hubiera hecho lo mismo. Yo también necesito cambiarme — la camiseta que llevaba el día anterior había quedado arrugada debido a la extraña postura en la que acabó durmiendo anoche, y debido a la situación cuando llegó a casa ni siquiera se había preocupado por ponerse algo más cómodo que los vaqueros oscuros que aún vestía—. Puedo enseñarte dónde está el baño, para que te cambies o te duches. Te dejaré un teléfono si necesitas llamar a alguien, a un taxi, lo que sea. Y si quieres te explicaré con pelos y señales lo que pasó anoche, pero necesito un voto de confianza — frunce los labios en una mueca inexpresiva y agita suavemente la ropa que sigue flotando en la distancia que los separaba.

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Re: A cat in the rain — A.

Mensaje por O. Lubba Tushkanova el Jue Sep 03, 2015 5:46 am

A CAT IN THE RAIN

A los cinco años, ella había recogido un gato negro bajo la lluvia, lo había llevado a casa con la ilusión de conservarlo y cuidarlo. Pero su hermano era alérgico y su padre no estaba de acuerdo en tener animales en casa. Una semana había sido el límite y cuando había regresado de la escuela. El gato ya no estaba... ¿Porqué estaba recordando aquello en esos momentos?. El animal seguro que ya estaba muerto, y ciertamente le guardaba rencor a ella, después de todo, lo había recogido para luego abandonarlo. No había algo más cruel que dar algo para luego quitarlo cuando se vuelve tu única esperanza. ― Um... ¿Se supone que deba sentirme avergonzada o agradecida?  ― Se encogió de hombros y no mostró en sí algo más que mera curiosidad, aunque la verdad era que se sentía avergonzada al punto de querer esconder su cabeza bajo la almohada. El ligero olor ácido se le coló por las fosas y supo que necesitaba una ducha, urgente. Y un café, bien cargado con un par de aspirinas. Muchas de esas.

Trató de no hacer una mueca y mantenerse imperturbable, pero cuando el gigante se movió, ella no pudo detener la acción de sus músculos contrayéndose, tensándose al punto de casi simular un opistótonos. Toda la bravuconeria se fue con su mirada atenta a su movimiento, cauteloso. ¿Trataba de no asustarla? ― Que me jodan si dejo que me hagas algo ― Sisea con una valentía que no poseía, pero con los años se había vuelto buena fingiendo, buena intentando parecer un témpano de hielo o una mujer mordaz, cuando en realidad lo único que quería era hacerse un ovillo y olvidar el motivo de su miedo. La ucraniana retrocedió sutilmente, dejando el camino libre para que él pasara. ¿Qué quería de ella? ¿Qué le pediría? ¿Porqué era tan jodidamente amable?. La ansiedad la consumía y ella mordía su labio como si fuera de hule.

No, cualquier persona normal me hubiese dejado tirada. No eres normal. Querías una mascota ― Dijo, como si de por sí aquello fuera de lo más raro. Tomó la ropa, evitando cuidadosamente el contacto de sus pieles. ― Y cuando la encontraste en la calle, no te la dejaron tener... O tu hobbie es recoger mujeres lamentables y darles su ropa para que dependan luego de ti. ― Giró sobre sus talones, rodeando la cama y se detuvo en seco, dándole la espalda. ― No me tocaste más que para quitarme mi ropa sucia, puedo ver que no tuviste intenciones de tomarme a la fuerza, y al parecer, estabas tan cansado que te dormiste con la ropa puesta... y aún así te tomaste la molestia de traer a una desconocida a tu casa ― Enumeró, analizando la situación en voz alta. No es que confiase en él. Ni siquiera confiaba en ella misma.

Dio medio giro para mirarlo de soslayo y le dedicó una sonrisa ligera, perezosa y triste, casi burlándose amargamente de lo cruel que era el mundo en que vivía. ― Supongo que puedo usar el baño sin temer que haya alguna cámara oculta ― Una parte de su humor negro afloró, casi ligero. Se decantó en dar alguna información, pero a la final, se dio cuenta que mientras menos supiera de ella, mejor. ― No tengo a nadie a quien llamar.  ― Ni una madre, ni un padre, ni un amigo cercano. Nada. Sólo se tenía a ella y a sus demonios internos. Casi era gracioso cómo el pedido del moreno parecía absurdo. ¿Voto de confianza?. Enarcó una ceja, casi queriendo sacar una carcajada ácida y carente de humor, pero en cambio, tensó su mandíbula en una fina línea, mió al moreno de pies a cabeza, chequéandolo, y sólo agitó la cabeza de una forma ambigua. Un silencioso. Ya veremos.

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