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the bodyguard — priv.

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Mensaje por D. Clover Abbott el Vie Ago 28, 2015 1:26 pm

16 DE JULIO, 2015. 22:35H
DOWNING STREET, 10



Aburrida. Como una ostra, más exactamente. La rubia se encontraba en aquella gran sala, rodeada por personas que no le resultaban interesantes y sin saber qué demonios hacer. Había visto a Lizzy hablar con su padre y unos amigos del hombre, como si verdaderamente perteneciera a aquel ambiente. Ni siquiera parecía disfrazada con su vestido. Ella, sin embargo, había decidido pasar por el aro por primera vez en meses, y había accedido a ponerse lo que su madre había escogido. Debía reconocer que el vestido, en sí, no era feo, pero tampoco era lo que ella hubiera escogido. Blanco, largo hasta la rodilla y de cuello cerrado. Parecía una cría de colegio católico o algo parecido. Por lo menos nadie prestaba atención a la pequeña de los Abbott y tampoco al número de bebidas que había tomado ya, sin contar con las dos copas de vino de la cena. Normalmente había gente de su edad en aquel tipo de reuniones y era lo único que las salvaba, pero parecía que todos los jóvenes se habían quedado en casa esa noche.

Clover paseaba por la sala, buscando el momento para escaparse y esconderse en su habitación. Seguramente nadie se percataría de su ausencia. Bueno, tal vez él. Le llevaba viendo toda la noche y aunque no habían hablado, parecía estar ahí siempre que la mirada azul de la rubia paseaba por la sala. Creía que había hecho acto de presencia el tiempo suficiente y, además, las escasas conversaciones que había mantenido habían sido para hablar de los estudios universitarios que comenzaría al terminar el verano. Su madre se había negado a que fuera a su habitación. Aparentemente, que la hija menor del Primer Ministro tenía que ser una presencia obligada en aquella reunión.

Le perdió de vista y comprobó que tanto sus padres como Lizzy estaban ocupados, así que había llegado su momento. Se dirigió hacia las grandes puertas de manera discreta y cuando estuvo en el pasillo se permitió suspirar, aliviada. Se quitó los altos zapatos de tacón y movió los dedos de los pies al recuperar cierta libertad. Ya había alcanzado la escalera que llevaba a las plantas superiores cuando escuchó un carraspeo a su espalda. Se dio la vuelta lentamente, sabiendo a quién se encontraría. Suspiró pesadamente. —¿De verdad tengo que volver? Si nadie me hace caso. —se quejó en un gruñido infantil.

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Re: the bodyguard — priv.

Mensaje por Wolfgang A. Carrington el Sáb Ago 29, 2015 7:12 pm

16 DE JULIO, 2015. 22:35H
DOWNING STREET, 10


Postura firme, manos atrás y una ligera separación de piernas mientras escuchaba las ordenes de aquella noche. El equipo de protección debutaba en una pequeña sala privada desde donde se veía quizá cada rincón de la residencia. Docenas de cámaras cubrían el campo visual de un equipo especializado para dar órdenes al más mínimo movimiento sospechoso. Para algunos, emocionantes, para Wolfgang, solo rutina.

La grave voz a acatar se detuvo, y con ello, cabezas se agacharon en compresión a sus órdenes. Mantener una reunión en paz era lo del día a día de aquellos uniformados en trajes alicientes más a un servicio secreto que a otra cosa. Todos, rompieron la formación para retirarse, pero el ligero toque en su hombro derecho lo hizo detenerse y girar su rostro. Su agudo sentido descifró al instante lo que aquello significaba, y asintió sin más mientras escuchaba otras ordenes más directas.

Así transcurría su noche, llevaba horas parado en el mismo lugar con su mirada puesta en la rubia. No era tan difícil cuidar de alguien que solo se dedicaba a saludar y a recorrer el salón sin otra cosa que hacer. Aburrido sí, su cara lo expresaba cuando se iluminaba para declarar algunas palabras y, en cuanto la persona salía de su rango de visión, resoplaba con pesadez con las símiles ganas de ahorcase. Era gracioso, más Wolfgang se negaba a si quiera mostrar algún ápice de sonrisa. Las ordenes eran claras, proteger a la hija del ministro, o más claro aún, que completara la velada de forma exitosa hasta el último momento.

Un ligero sudor picó su frente haciendo que éste se limpiase y al mismo tiempo, escuchara los aplausos de cierta palabrería diplomática en medio del salón. Sus ojos azules hicieron el escaneó habitual, dando con un vestido blanco, fugándose en pleno acontecimiento.

Entonces, carraspeó fuertemente, y fue cuando observó a la chica detenerse. El panorama había cambiado, se escuchaba el bullicio desde lejos en las escaleras, pero por suerte, solo ellos dos se encontraban en aquel lugar, y quizá nadie notaría cuando ella volviese a la fiesta como debía ser. –Sería una falta de respeto para sus invitados si no lo hiciera. –su tono era frío como una piedra. –Además, su padre está interesado en que se relacione más con estas personas. Será bueno para usted. –llevó su derecha al frente donde dos zapatos de tacón colgaban de sus dedos como recordatorio. Él se acercó más a ella, vestía con traje negro impecable, al igual que sus zapatos. Dejó los tacones en un escalón más bajo de su posición, en clara petición de que se los colocase nuevamente. –De regreso, quizá pueda entablar una conversación con el joven Harry. Noto que está interesado en usted. –él podía apostar que tenían la misma edad, pero también apostaría por la repulsión que sentía la joven Clover por el chico.

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Re: the bodyguard — priv.

Mensaje por D. Clover Abbott el Sáb Ago 29, 2015 7:50 pm



Clover siempre se había compadecido de aquellos que, como Wofgang, pasaban las veladas vigilando a los demás. Tenía que ser tan aburrido... Si ella, que por lo menos podía hablar con alguien, estaba deseando que la reunión llegara a su fin, no podía imaginar lo que tenía que ser para él. No comprendía por qué necesitaba de su vigilancia esa noche, la verdad, pero se había pasado el rato esperando el momento exacto para salir de allí sin ser vista. Había estado tan cerca de conseguirlo que casi saboreaba el triunfo. Tendría que haber sabido que no sería una misión sencilla.

La rubia se quejó, como la niña que en el fondo seguía siendo. Le parecía una tortura que sus padres la obligaran a asistir a aquel tipo de acontecimientos y mucho menos cuando los pocos asistentes de su edad resultaban tan desagradables para ella. Ninguno de los integrantes de su pequeño grupo de alborotadores estaba allí esa noche y suponía que era algo intencionado. La rubia era conocida por ser una perfecta escapista, capaz de abandonar los salones para esconderse en las habitaciones a beber con sus amigos. Lo llamaba sus fiestas alternativas. Sí, Wolfgang también había dado con ella en algún momento como ese, acompañada por el príncipe James cuando salían juntos y amigos comunes. Frunció el ceño ante el tono frío de su voz. —Pero nadie tiene por qué enterarse. Puedes ir y decirle a papá que me encontraba mal y me he ido a acostar. —casi suplicaba. El último resquicio de esperanza desapareció cuando, con un movimiento casi delicado para alguien tan recto como él, le quitó los zapatos de la mano y los dejó en un escalón inferior, esperando que se los pusiera. —Son unos aburridos. —se quejó al tiempo que, apoyándose con una mano en la barandilla de la escalera y la otra en él volvió a ponerse los zapatos.

Fue incapaz de esconder la mueca de disgusto ante la mención a Harry, un chico de su edad hijo de unos amigos de sus padres. Había intentado besarla en la última fiesta en la que habían coincidido. —Harry es asqueroso. —murmuró. Y aburrido, pero sobre todo asqueroso, algo que era sabido por todas las chicas de clase alta que se habían cruzado con él.

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Re: the bodyguard — priv.

Mensaje por Wolfgang A. Carrington el Dom Ago 30, 2015 12:48 am

Sí, ¿Qué tanto le costaba decirle a su padre sobre su malestar? Ambos saldrían ganando. Ella en su recamara y él posiblemente, en un descanso nocturno. Parecía que no había nada de perder, pero en su trabajo, las cosas resultaban un tanto diferentes. –Lo siento. –aquello había sonado más como un “No” que otra cosa. No mentiría, no porque no pudiese hacerlo, sino porque ya tenía experiencia de lo que aquello podría significar. Cualquier hombre era lo demasiado inteligente como para proteger su puesto de trabajo.

–No lo son –respondió –. Sólo que sus maneras de divertirse son un tanto diferente a las de usted. –Los adultos tenían todas las de perder, las épocas de fiestas desenfrenadas eran sustituidas por reuniones aburridas y cocteles de compromiso. Quizá ella no lo viera de esa manera, pero al ser su padre una pieza importante para el funcionamiento de un país, aquella “celebración” significaba un descanso de todas sus responsabilidades.

Wolf, observó como el pie se deslizó suavemente entre los tacones que hacían juego perfecto con el vestido; su mentón se alzó y una mueca imperceptible de aprobación arribó en su rostro. Sí, completamente contraria a la de ella. –No creo que sea asqueroso –mintió -. Quizá su personalidad sea un tanto… diferente. –vamos, que no sería él quién hablase mal de un chico como Harry. Wolfgang rara vez hacia comentarios durante su trabajo, esto cambió fuertemente en el momento de que su responsabilidad se basaba en proteger la vida de miembros de familia real. Todos ellos tenían un afán por pedir opiniones: desde cómo les quedaba la ropa, hasta qué deberían hacer en ciertas situaciones. Claro que sus opiniones estaban sobrevaloradas, él solo decía lo que le parecía prudente y correcto.

–¿Por qué no intenta permanecer por un rato más? Piense que, para su padre, significaría mucho. Además, es solo una noche, luego podrá sacarse el mal rato con cualquier otra reunión que usted planifique. –ofreció su mano para ayudarle a bajar los escalones. Internamente agradecía que Clover no fuese un dolor de cabeza, por lo menos hasta los momentos. Durante sus servicios, se había aguantado a muchas niñas -y niños- malcriados en todos los sentidos. Afortunadamente la chica no parecía tener ese historial, no cuando era acompañada por el príncipe James u otro de sus familiares.  

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Re: the bodyguard — priv.

Mensaje por D. Clover Abbott el Dom Ago 30, 2015 3:33 pm


Sabía que no iba a lograrlo. Conocía a Wolfgang lo suficiente como para saber que no permitiría que se escapara de la fiesta de aquel modo. Tal vez, si hubiera sido más joven y cercano a su propia edad, podría haber utilizado un par de sonrisas coquetas para convencerle de que aquello sería su secreto, pero era un hombre, no un crío, y llevaba años trabajando como guardaespaldas. No iba a dejarse convencer por una cría. Lo siento. Efectivamente, no había escapatoria.

El hombre intentó convencerla de que aquella fiesta era el modo de sus padres de divertirse. Sí, eso lo entendía, pero todos los demás debían comprender de que ese tipo de celebraciones resultaban tediosas para alguien tan activo y vivaz como Clover. Para ella, pasearse por una sala llena de gente a quien ni siquiera consideraba interesante era el peor de los suplicios. —Podrían organizar algo divertido, para variar. —murmuró. No sé, tal vez algo con música más animada o un grupo en vivo que no tocara música clásica. Sabía que el hecho de mostrar una imagen de familia unida era importante para su padre y por eso no había fingido estar enferma para librarse, pero ya llevaba allí el rato suficiente como para que todos se hubieran deleitado con su presencia. ¿No podía encerrarse en su dormitorio a dibujar? Se lo había ganado, ¿no?

Cedió. Se volvió a poner los zapatos sin protestar mucho más. ¿Para qué gastar fuerzas si el resultado iba a ser el mismo? Hablar sobre Harry hizo que la mueca de disgusto de la rubia se acentuara. —Sí lo es. —le rebatió. —¿Sabes que el otro día le tocó el culo a una chica, sin su permiso, en la fiesta de lord Lockwood? —le explicó, para que supiera a qué se estaba refiriendo. —Y a mí ha intentado besarme más de una vez. Incluso cuando salía con James. —añadió, atreviéndose a llamar al príncipe heredero por su nombre, puesto que eso era lo que siempre había sido para ella: sólo James. Pocas eran las chicas que aguantaban más de dos minutos en presencia del joven. Sus padres formaban uno de los matrimonios más importantes de Londres, por lo que su presencia en las fiestas era continua.

¿Un rato más? —preguntó para asegurarse mientras tomaba su mano con delicadeza para bajar los escalones. —¿Un rato y dejarás que me marche sin decir nada? —le miró con sus ojos celestes. Sí, podía soportar un rato más de charlas sin importancia. —Y, por favor, no me trates de usted. —le pidió, aunque recordaba haberlo hecho más veces. Le parecía extraño puesto que ella no era más que una cría en comparación con él. Bueno, en comparación con cualquiera. Cuando ingresaron de nuevo en el salón, se dio cuenta de que sólo una persona se había dado cuenta de su ausencia: Harry. El muchacho se acercó a ella en cuanto el guardaespaldas regresó a su puesto y Clover pensó que tal vez pudieran charlar unos minutos. Tomó una copa de champagne de la bandeja de un camarero y tomó un pequeño sorbo.

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Re: the bodyguard — priv.

Mensaje por Wolfgang A. Carrington el Miér Sep 02, 2015 4:14 am

Sus cejas se alzaron mostrando asombro ante la imprudencia del joven Harry, de igual manera, era lo que hacían los chicos a esa edad ¿no?  Aunque no iba a negar que le sorprendiera su actitud. ¿Qué hubiese pasado si el príncipe James se enterase de tal confesión?  –De seguro el joven Harry apreciará su discreción. –espetó con su habitual tono cordial, además, ya vivía el mismo infierno siendo despreciado por cuanta femenina designara como objetivo.

Asintió con su cabeza ante su respuesta. –Solo un rato para que su padre se convenza de su presencia. Luego de ello, le hablaré de su presunto malestar. –Su mano dejó de acompañarle en cuanto sus tacones habían tocado el reluciente suelo. De cerca, su piel lucia como si estuviera iluminada por dentro, ¿tendría que ver su respuesta a tal hecho?  Su cabello estaba perfectamente peinado y un maquillaje suave sublimaba en sus mejillas. –Trataré de hacerlo. –media sonrisa imperceptible se alzó en su rostro mientras asentía con la cabeza. Era la costumbre de su trabajo, aun así, Wolf no olvidaba que se encontraba con la hija de un importante hombre. Los modales eran lo suyo… en su trabajo, claro.

Le tomó un pequeño recorrido regresar a su puesto de trabajo. Sus ojos estuvieron al pendiente de cada detalle que se le atravesara, incluso, de cuando Harry se acercó a la rubia. Un alivió le recorrió al ver que todo lucia normal, o bueno, si se podía llamar “normal” a un chico hablando sin parar mientras la joven hacia como si lo escuchara. Wolf, comprobó que todo estaba en su lugar y dispuso de su vista hasta el padre de la joven. En ese segundo, el caos cobró vida en la sala.

Las luces fallaron de manera improvista. Los invitados ahogaron sus sorpresas en pequeños gritos mientras Wolf contabilizaba 12 segundos, los suficientes como para que el sistema de respaldo de energía se encendiese. Algo que nunca sucedió.

–Todo está bien. Es sólo una falla eléctrica. –habló John en voz alta, uno de sus compañeros –Inicien con el protocolo. –

La muchedumbre entró en una especie de pánico sordo, en donde no existían palabras para calmar los gritos. El ojiazul se movió rápidamente y tomó la muñeca de la chica, arrastrándola consigo en rápidos movimientos. Un quejido improvisado de Clover, le dio certeza de su identidad. Sus tacones, parecían agujas incapaces de mantenerse firmes en el suelo. Él ignoró cualquier grito desesperado y procedió a alzar la chica, esquivando con su poca visibilidad al montón de personas que comenzaba a regarse por todo el lugar.

No dictó palabra alguna. Un agité repentino comprobó que subía las escaleras con Clover entre brazos. Su cuerpo se tensó y fue capaz de abrir la primera habitación que encontró en el piso de arriba. Dentro, el claro de luna atravesando las ventanas era la única luz con la que podía contar. Respiró fuertemente y dejó caer con cuidado el cuerpo de la joven al suelo al mismo tiempo que unos tiros se escuchaban desde su posición. Los gritos aumentaron, pero Wolf se encargó de cerrar la puerta, interponiéndose en la salida. –¿Se encuentra bien? –sacó su celular y alumbró a la rubia, esperando que conservase la calma. Por los gritos desesperados, no duda que hubiera algún muerto en la planta más baja. –La sacaremos por la ventana. No tiene de que preocuparse. –afirmó.

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Re: the bodyguard — priv.

Mensaje por D. Clover Abbott el Miér Sep 02, 2015 2:50 pm

¡Y tanto que Harry apreciaba su discreción! En más de una ocasión le había amenazado con contárselo a James y eso parecía haber hecho retroceder al muchacho, aunque cuando su relación con el príncipe se rompió, parecía haber recuperado su interés por ella. La rubia sonrió más ampliamente cuando el joven guardaespaldas accedió a ayudarla a abandonar la fiesta temprano. Podría aguantar un rato más, eso seguro. Tomar una copa, charlar un rato y soportar unos cuantos minutos en compañía de gente que no le resultaba agradable no era un caro precio a pagar por poder retirarse pronto. —¡Eres un sol! —exclamó la rubia que, en un alarde de espontaneidad y naturalidad, le abrazó brevemente. Sabía que se estaba tomando demasiadas confianzas, por lo que un suave rubor cubría sus mejillas al separarse. —Lo siento, es que no estoy acostumbrada a que los guardaespaldas colaboren con mi causa. —esbozó una sonrisa amplia e infantil. —No volverá a pasar, prometido. —aseguró. Wolfgang era bastante más agradable que otros guardaespaldas que había conocido, así que no quería estropearlo y que la próxima vez que le enviaran a ocuparse de ella, dijera que no quería hacerlo.

Sus caminos se separaron al regresar a la sala de la fiesta. Clover cogió una nueva copa de champagne y, como era de esperar, Harry no tardó en acercarse a ella. El joven hablaba y la mirada celeste de la rubia se había perdido en las decoraciones de la pared. Sólo realizó un pequeño movimiento, retrocediendo, cuando el chico decidió que acortar la distancia entre ellos era una buena idea. La copa resbaló entre sus dedos cuando la luz se apagó, estrellándose contra el suelo, y ahogó un pequeño grito de sorpresa. Las luces no tardarían en volver a encenderse, eso lo sabía. Sin embargo, no fue así y el nerviosismo comenzó a apoderarse de ella. Harry rodeó su cintura y aunque el gesto distaba mucho de ser protector, Clover se sintió incapaz de separarse. Su respiración se agitó y los gritos a su alrededor no ayudaban. Alguien agarró su estrecha muñeca y tiró de ella, sin reparo. Estuvo a punto de rechazar aquel contacto hasta que creyó reconocer su rostro. Wolfgang. Sus pasos eran torpes, incapaz de correr con aquellos bonitos zapatos de tacón, y él pareció darse cuenta puesto que se detuvo para tomarla en brazos. Clover rodeó su cuello para no caerse y buscaba en su expresión algo que delatara lo que estaba sucediendo. Él ni siquiera la miraba.

Subieron las escaleras y entraron en la primera habitación que encontraron. Cuando sus pies volvieron a entrar en contacto con el suelo se dio cuenta de que sus piernas temblaban. La luz de la luna iluminaba tenuemente la estancia, por lo que la mueca de terror en el rostro de la adolescente sería fácilmente reconocible. Su respiración se había agitado y sus ojos se abrieron mucho más al escuchar disparos en el piso inferior. Se llevó las manos a la boca. —¿Qué está pasando? —preguntó, temerosa. Él preguntó si se encontraba bien y ella asintió. Físicamente, sí. Psicológicamente era otra cosa. —¿Qué? ¡No! —se negó en rotundo a salir por la ventana. —¿Y mamá? ¿Y papá? ¿Y Lizzy? ¿Dónde están? ¿Están bien? No les he visto. —hablaba de manera atropellada y se acercó a él. —Tenemos que ir a buscarlos. —pidió. Alguien tenía que ir a por ellos. En ese momento incluso sintió miedo de que algo malo pudiera pasarle al insoportable de Harry.

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Re: the bodyguard — priv.

Mensaje por Wolfgang A. Carrington el Dom Sep 06, 2015 5:47 am

No necesitaba ningun escenario en su cabeza para poder imaginarse lo que ocurría debajo de sus pies. Era normal el estremecer de la joven. Él estaba acostumbrado al silencio, pero incluso el de aquel momento era aterrador. Sus cejas se alzaron ante las palabras de la rubia, ella no parecía entender claramente su posición. –Será por su bien. –trató de explicar, pero ella se negaba a escucharlo. Entonces, el recuerdo de una necesidad tocó los cabales de su memoria; la preocupación de la joven por su familia, y no era para menos, aunque las políticas exigieran otra cosa.

De cualquier manera, Wolf, estaba allí para protegerla y mantenerla con vida incluso, si tuviera que sacrificar la de él. Tomó un respiro hondo y se precipitó más a la puerta. –No puedo permitir que vaya por ellos. –él confiaba en su equipo, sí, él, más no ella. Sabía de qué estaban hechas las personas con las que trabaja diariamente, él podía incluso apostar por la vida de la familia del primer ministro, a que todos se encontraban sanos y salvos. Lo que esperaba de todos, pues ciertamente, una muerte en medio de una fiesta de máxima seguridad no iba a estar bien vista ante los medios.

–Por favor, le pido que conserve la calma. –Las palmas de sus humanos se abrieron ante ella en un símbolo de “alto”. De alguna manera, debía hacer que ella aceptase salir del lugar y colocarla a salvo. –¿Le parece si hacemos un trato? –ojos azules se posaron en los de ellas. ¿En serio era el mejor momento de algo como eso? Wolf, tomó aire y aguardó ante la calma de su alrededor. –Si sale por la ventana, prometo bajar e ir por su familia. –espetó ligeramente –Pero necesito que esté a salvo primero. –de cualquier modo, necesitaba cubrir el perímetro, así pues, una horda de confianza se apoderó de él y dejó las puertas del lugar expuestas, dándole la espalda por un momento para caminar hacia la ventana.

Se asomó tan discreto como pudo. Observó el horizonte, las penumbras asechaban por lo menos, cinco cuadras a la redonda. Los alrededores lucían vacíos, aunque un cuerpo de seguridad estuviera rodeando la zona lo más rápido que podía. –Está todo despejado. Será fácil descender. –dijo, contando los segundos para su respuesta que nunca llego. Mierda, ahora él se imaginaba lo peor.

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Re: the bodyguard — priv.

Mensaje por D. Clover Abbott el Dom Sep 06, 2015 7:57 am

Volver estaba aterrada. ¡Y no era para menos! No hacía falta ser muy inteligente para imaginar lo que estaba sucediendo en la planta inferior de su casa. Era poco común ver a Clover temblar de miedo, pero en aquel momento era imposible que no lo hiciera. No pensaba bajar por aquella ventana, no sin saber dónde se encontraba su familia y si estaban bien. El cuerpo del hombre se interpuso entre la rubia y la puerta, dejando claro que volver a salir no era una opción. Los ojos de la muchacha le miraban, implorando que hiciera algo. Suplicando que no la obligara a abandonar a sus seres querido.

No, no. Quédate conmigo. —pidió. Era absurdo porque quería que alguien fuera a buscar a sus padres y a su hermana, pero no quería que fuera él. No quería quedarse sola ni en compañía de otros. La muchacha estaba cerca del ataque de nervios y sus ojos brillantes indicaban que las lágrimas estaban mucho más próximas de lo que cabría esperar. Entonces, Wolfgang decidió fiarse de ella y dejó la puerta desprotegida mientras se acercaba a mirar por la ventana. La muchacha susurró un lo siento que no llegó a pronunciar en voz alta y se quitó los zapatos, dejándolos en el suelo, en el mismo lugar donde ella había estado de pie segundos antes.

Se arrepintió de haber salido por la puerta casi al instante. No sabía si era peor el bullicio o la calma. Todo su ser temblaba notablemente y sus pasos inseguros no la guiaban en una dirección concreta. Estaba a punto de alcanzar las escaleras cuando una fuerte mano se cerró en torno a su muñeca. Supuso que sería Wolfgang, por lo que la disculpa ya se perfilaba en sus rosados labios cuando se dio la vuelta y vio que no era él. Llevaba traje, igual que el otro hombre, y seguramente sería su compañero, pero Clover no le conocía y se puso nerviosa. Intentaba liberarse y en ese momento comenzó a llorar. Sí, todo un espectáculo. El hombre decía algo de que tenía que ponerse a salvo, mas ella no escuchaba nada. Entonces, le vio, a sus espaldas. No tenía cara de buenos amigos, pero no importó. De un fuerte tirón, haciéndose daño en la muñeca, se liberó del desconocido y corrió con sus pies descalzos hasta esconderse tras Wolfgang. —Lo siento, lo siento. Sé que me he portado mal, pero no puedo marcharme. No me dejes sola. —suplicó. Podía aceptar no ir a buscar a su familia, pero no quería marcharse sin ellos. Aceptaría encerrarse donde fuera, siempre que él se quedara a su lado. ¿Estaría Lizzy igual de asustada que ella?

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